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jueves, 2 de julio de 2026

Atencion padres y profesores: no le hagas el trbajo, deja que el niño lo logre

 

María Montessori, pedagoga italiana: "Nunca ayudes a un niño en una tarea en la que siente que puede tener éxito"

La revolucionaria educadora italiana defendió hace más de un siglo que permitir a los niños equivocarse y avanzar solos es clave para fortalecer su autoestima y su capacidad de aprendizaje

Foto: La educadora y pedagoga, María Montessori (Archivo)
La educadora y pedagoga, María Montessori (Archivo)

Mucho antes de que se hablara de crianza respetuosa o de “padres helicóptero”, María Montessori ya defendía una idea que hoy sigue generando debate en hogares y colegios de todo el mundo: los niños necesitan experimentar por sí mismos para desarrollar confianza y autonomía. La pedagoga italiana resumió esa filosofía en una frase que ha sobrevivido más de un siglo: “Nunca ayudes a un niño en una tarea en la que siente que puede tener éxito”.

La autora de esta reflexión fue una figura revolucionaria para su tiempo. María Montessori nació en 1870 y se convirtió en una de las primeras mujeres en licenciarse en Medicina en Italia. Su formación científica marcó profundamente su forma de entender la educación. Frente a los métodos rígidos y memorísticos que predominaban a comienzos del siglo XX, Montessori apostó por observar cómo aprendían los niños y adaptar el entorno a sus necesidades reales.

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Su método comenzó a tomar forma tras trabajar con menores en situación de exclusión social y con niños con discapacidades cognitivas en Roma. Aquellas observaciones le llevaron a una conclusión que transformó la pedagogía moderna: los pequeños aprenden mejor cuando pueden actuar con independencia y explorar el mundo a su ritmo.

La frase que hoy sigue compartiéndose en libros, redes sociales y escuelas Montessori no era un simple consejo para padres. Representaba toda una visión sobre la infancia y el papel de los adultos. Según la educadora italiana, cuando un niño intenta hacer algo por sí solo —abrocharse una chaqueta, recoger sus juguetes o servir agua en un vaso— no solo busca completar una tarea cotidiana. También está construyendo seguridad, autoestima y capacidad de decisión.

Montessori advertía de que muchos adultos intervienen demasiado rápido, ya sea por impaciencia, por miedo a que el niño se equivoque o por la necesidad de ahorrar tiempo. Sin embargo, esa ayuda constante puede transmitir un mensaje negativo: hacerle sentir que no es capaz de lograrlo por sí mismo.

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Para la pedagoga, el éxito infantil no debía medirse únicamente en resultados académicos. Lo importante era que el menor desarrollara confianza en sus propias capacidades. Por eso insistía en que el adulto debía actuar como un guía y no como alguien que resuelve todos los problemas.

La idea quedó reflejada en algunas de sus obras más conocidas, como El método de la pedagogía científica, publicado en 1909, y La mente absorbente del niño, de 1949. En ellas explicaba que los niños muestran una enorme satisfacción cuando consiguen completar tareas sin ayuda. Esa sensación, sostenía, favorece la disciplina natural y el deseo de seguir aprendiendo.

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La intervención excesiva, en cambio, podía generar dependencia y frustración. Montessori observó que los niños hiperprotegidos tendían a rendirse antes ante las dificultades y a buscar continuamente la aprobación del adulto. Y dentro de su método educativo, el papel de padres y profesores debía ser el de “observadores dinámicos”.

Esto significa acompañar al niño sin invadir su proceso de aprendizaje. Si el menor progresa aunque cometa errores, lo recomendable es dejar que continúe. Solo cuando aparece frustración real o pide ayuda conviene intervenir, y siempre ofreciendo el apoyo mínimo necesario para que pueda retomar la actividad por sí mismo.


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