Por Leandro Ortiz de la
Rosa
Las nubes tiñen el cielo
gris y azulado en franca despedida a una tarde radiante del sol de marzo de
verano. Un bombero que se va de despedida hacia la tumba frÃa, cuya señal se
hace saber a causa del intenso ruido de los camiones del cuerpo de bomberos al
pasar por la calle Estrelleta esquina Anacaona.
SÃ, en la Anacaona, también
en el tramo comprendido entre la José del Carmen RamÃrez, 27 de febrero y la
Estrelleta, lugar del histórico y emblemático parque José MarÃa Cabral (parque
de los burros) lleno de historias y anécdotas de la juventud de los años 60 y
70, época de buena producción de hombres y mujeres que por su firmeza de
espÃritu hizo del lugar un centro de peregrinaje de los contertulios.
Dos grandes matas de
laurel, otras de pinos, almendras extranjeras y palmas junto a otras plantas ornamentales,
son las que describen y cubren el ecosistema medioambiental dando un colorido
perfecto como si fuera una obra de la naturaleza y nada artificial. Es motivo
por el cual, hombres, mujeres y niños le sirve de posada a los cohetones para disfrute
y deleite cada noche, madrugada para ejercitar y tarde para pernoctar.
En cada la cotidianidad entra
la noche también, hay un gran contraste gentes de todas las estirpes en
cuestión, dentro de ellos cortesanas, Gays, Lesbianas, prostitutas y
homosexuales llegan para dar un recibimiento al llegar y el despedir de la
noche y llegada la cinco de la mañana. El Cholito se despierta, Américo y también
los Fortunas, los piperos se acercan y desde por allá vienen regresando otra
vez más los borrachones amantes al clerén a la espera del café de la funeraria
fortuna, quienes les esperan con ansias ¡Y, a qué precio!
El dÃa transcurre y todo pasa igual hasta qué, en el momento menos esperado la policÃa pasa, ven las mismas gentes, drogadictos, borrachones y antisociales, pero no pone correctivos y a cada uno le da banda. Es el Parque José MarÃa Cabral y Báez, un rincón del verdor urbano y pintoresco de San Juan, llegan de Villa liberación, de Quijaquieta, de los Corbanos se juntan con los hijos de los Poppys de antes abandonados a su suerte fruto de la malaria económica y blanco inobservancias de la insensibilidad de las autoridades.
Luis Iván, Alberto Herrera
no se pierde ningún detalle, él conoce el intrÃngulis del parque y Dios libre
que usted al compartir con él llame a uno de ellos, se molesta, se va del lado
con su discapacidad locomotora visible, pero con una mente brillante y un
apetito tremendo para el aguardiente, si hay romo hay coro y se da unos petacazos
que hasta lo mastica.
Del dame algo, tengo hambre, quiero beber de parte de los comparecientes es el pan de cada dÃa, lo que no es común en medio del impuro ambiente, es el raterismo, el engaño, el atraco y el robo, de vez en cuando una pelea, a los puños y pocas veces corre la sangre entre ellos y es qué, el parque de los burros es el lugar del encanto pueblerino de San Juan con sus altas y sus bajas.
Este histórico parque,
lleno de historias y anécdotas, es un oasis en medio de la ciudad. Dos grandes
matas de laurel para refrescar, pinos, almendras extranjeras y palmas crean un
ecosistema único, donde la naturaleza y la artificialidad se mezclan. Si
tuvieras que pasar un momento de óxidos dónde yo fuera el espectador y no el protagonista,
seria siempre al parque de los burros acompañado de un libro para muchas veces
disipar el tiempo.
El
autor es comunicador social



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