Por Leandro Ortiz de la Rosa
A mà nadie me lo contó: yo lo vivÃ. Laboré como analista legislativo del Congreso Nacional en el Departamento de ContralorÃa Legislativa, y la verdad es que lo que vivimos los empleados no fue nada halagador. HabÃa un ambiente de tensión, piedras lanzadas contra la casa de la democracia, piquetes y concentraciones todos los dÃas, al punto de que se llegó a utilizar al “rey del merengue” Johnny Ventura para la realización de actos contrarios al orden público.
Hoy sostengo que a
Leonel Fernández se le cobrarán tres facturas de deslealtad polÃtica que pesan
más que cualquier discurso. Primera: El cerco al Congreso y la persecución
interna Esas concentraciones frente al Congreso Nacional en 2019 no solo
provocaron la salida anticipada del PLD del poder. También abrieron la puerta a
una persecución selectiva contra dirigentes peledeÃstas que terminó por
fracturar la disciplina del partido que él mismo contribuyó a fundar. Cuando el
poder se usa para cobrar cuentas, la confianza se rompe y no se repara con
promesas.
Segunda: La división
del PLD y el éxodo de legisladores Dividir al Partido de la Liberación
Dominicana para fundar la Fuerza del Pueblo fue una decisión estratégica, pero
ejecutada con alto costo polÃtico. Convencer a senadores y diputados
peledeÃstas para que abandonaran al PLD como tránsfugas y se fueran a la FUPU
dejó una herida abierta. En polÃtica, el transfuguismo puede dar curules, pero
cobra en credibilidad. Quien hoy pide lealtad, ayer rompió la del otro.
Tercera: La alianza
ideológica con Nicolás Maduro y la izquierda radical Su compromiso público
con Nicolás Maduro y con lÃderes de la izquierda regional coloca a la FUPU en un
terreno incómodo para el electorado dominicano de centro. En un paÃs donde la
democracia y la alternancia son valores no negociables, esa cercanÃa genera
ruido y desconfianza. No se trata de ideologÃa, se trata de percepción: la
gente vota con miedo cuando ve banderas extranjeras en el patio.
Un acontecimiento
reciente es el caso de la hermana República del Perú, donde Keiko Fujimori, del
partido Fuerza Popular y de derecha, venció al izquierdista Roberto Sánchez, de
Juntos por el Perú. En Latinoamérica hay una corriente de rechazo a los
partidos de izquierda. Si eso ocurrió en Perú, ¿qué puede ocurrir en República
Dominicana en las elecciones de 2028? Dé la respuesta usted, amable lector.
El resultado:
inseguridad y acuerdos de pasillo Todo ello crea un alto nivel de
inseguridad en el sistema de partidos. Corre con fuerza la versión de un
acuerdo tras bastidores entre el PLD y el PRM que mantiene en alerta a la FUPU.
No hay documentos firmados, pero en polÃtica lo que no se desmiente con hechos
se da por cierto.
El escenario 2028: el
pacto de la segunda vuelta PRM, PLD y FUPU irán de forma independiente en la
primera vuelta. La lógica es simple y ya fue ensayada: de los dos primeros que
pasen a la segunda vuelta, el que quede en tercer lugar entregará su estructura
y su voto. Danilo Medina e Hipólito MejÃa tienen desde ya ese pacto amarrado,
donde Gonzalo Castillo o Carolina MejÃa terminarÃan terciándose “la ñoña”.
Esa aritmética
electoral explica por qué a la FUPU le preocupa más el acuerdo entre sus dos adversarios
que su propia campaña. Porque en República Dominicana las elecciones no se
ganan solo en mayo. Se negocian en los meses previos, en mesas donde la lealtad
se subasta al mejor postor.
Leonel pagó un precio por salir del PLD. Ahora el PLD y el PRM pueden estar cobrando el suyo por haberlo dejado salir. Y en el medio, la FUPU corre el riesgo de convertirse en el partido con más votos de opinión y menos votos de maquinaria. Al final, la polÃtica dominicana vuelve a su regla de oro: no hay enemigo permanente, solo intereses permanentes. Y cuando los intereses se alinean, los discursos de ayer se guardan en el cajón.
El autor es
periodista, abogado y docente universitario.
Vive en San Juan de la
Maguana.

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